El partido del pasado domingo quedará marcado para siempre en la retina de José Ángel, guardameta del juvenil, que con apenas 17 años, tuvo la oportunidad de debutar con el Xerez Club Deportivo en partido oficial.

José Ángel recaló en la entidad hace relativamente poco tiempo, procedente del Pueblo Nuevo. Nos relataba como un día le llamaba Vicente Vargas para entrenar con el primer equipo y como le hizo saber que si su anterior club le otorgaba la carta de libertad podría ir convocado alguna que otra vez con la plantilla. “Yo en ese momento no me lo pensé, era una experiencia muy grande y el sueño de cualquier chaval.”

Tras estar en varios partidos en el banquillo xerecista supliendo la baja de David Zamora, el joven guardameta tendría la oportunidad en Arcos de ingresar al terreno de juego tras el infortunio de Álex García. “Cuando me dijo Vicente que tenía que salir estaba muy nervioso. Debutar con 17 años en el equipo de mi vida, en una gran categoría como Tercera División y al lado de excelentes futbolistas como Polaco, Joselito Vega, Borrego…, entre muchos otros, es todo un sueño. Estaba en la banda muy nervioso, una vez que me coloqué en la portería me tranquilicé un poco más. Intenté hacerlo lo mejor posible y de esta manera poder devolverle al club la confianza que ha depositado en mí, era una gran responsabilidad.”

El chaval por ahora está centrado en hacer su trabajo con los juveniles, pero no oculta el deseo de poder dar algún que otro día un paso más en su carrera. “Yo trabajo día a día para mejorar. En un futuro a largo plazo me encantaría ser parte de la primera plantilla. Tengo por delante a dos compañeros que son dos porterazos, ojalá pudiera parecerme a ellos. Intento aprender cosas de los dos para conseguir estar algún día a la misma altura”.

Uno de los detalles que quizás pasaron desapercibidos entre los aficionados presentes en el Antonio Barbadillo, fueron las fuertes muestras de afecto que el entrenador xerecista quiso darle a José Ángel segundos antes de su debut. Ambos se fundieron en un fuerte abrazo cargado de emoción.  “Eso para mí significó mucho, estaba muy nervioso y necesitaba tranquilizarme, fue el abrazo de un padre. A Vicente tengo que agradecerle muchísimas cosas, ese abrazo siempre lo recordaré como uno de los momentos más felices de mi vida.”